LA CIUDAD (1)

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"La vida en una gran ciudad"

 

Si me preguntan por mi opinión sobre la vida en una gran ciudad, pienso que podría comentar algunas cosas pues llevo veinte años viviendo en la capital. Llegué aquí a la edad de dieciocho años, cuando vine para estudiar en la Universidad y aquí me quedé, pues encontré un buen trabajo y fundé un hogar con mi esposa.

 

Cuando llegué a Madrid todo me parecía fascinante, todo era nuevo para mí, todo tan diferente a las calles del pueblo donde nací. En la gran ciudad siempre había cosas nuevas por ver: museos, monumentos, iglesias, bares, discotecas, galerías de arte, metro… Su atmósfera cosmopolita me fascinaba, había gente muy interesante de todo tipo, gente extraña con la que podías hablar sobre temas que desconocían en el pueblo. La gente vestía diferente, se comportaba diferente, con más seguridad en sí misma y mayor desenvoltura.

 

Pero esto era al principio, cuando me acostumbré y empecé a tener una rutina, la vida en la ciudad me pareció mucho más triste, más gris, más deshumanizada. La gente corre por las mañanas para ir al trabajo y luego para volver a casa en vagones de metro saturados. Con las prisas, si te empujan no te piden perdón. La gente compite para entrar el primero en el autobús, en el vagón de metro, para ser atendido el primero en el bar o en cualquier oficina de correos, en la consulta del médico, en la caja del supermercado… Además hay muchos vecinos incívicos que aprovechan el anonimato y ponen la música muy alta por la noche o beben alcohol en la calle mientras gritan. Otros no cuidan las zonas comunes de las viviendas, no recogen los excrementos de sus perros, tiran la basura en cualquier lugar…

 

La vida en una gran ciudad tiene además otras desventajas como los eternos atascos, la contaminación, la necesidad de emplear mucho tiempo para ir a otro punto de la ciudad, la falta de alimentos frescos, el ruido, la falta de lugares adecuados para hacer deporte, el alto precio de la vivienda y la comida, la inseguridad en las calles, el estrés, la masificación…

 

Atrás quedan los días de mi infancia en el pueblo cuando podía jugar tranquilamente en las calles, ir solo al colegio, saludar a mucha gente a la que conocía, pasar mucho tiempo con la familia y saborear las frutas y verduras que mi padre criaba en su huerto.